Mientras más matan delincuentes, más resurgen en el país

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Por Manuel Antonio Vega

La Policía dominicana enfrenta un gran dilema social, pues mientras más supuestos delincuentes mata, más resurgen, como desafiando a la autoridad.
Parecen operar de manera organizada, dando golpes certeros a la sociedad alta, baja y media, que ve cómo caen familiares en asaltos y atracos a mano armada en todo el territorio nacional.

La uniformada anuncia la muerte de varios antisociales y, al otro día, los delincuentes matan a uno, dos y tres hombres o mujeres en asaltos a viviendas, establecimientos comerciales y vías públicas.

La última acción vandálica afectó la vida de Zeneida Socorro Castillo, de 60 años, esposa del merenguero Julián Oro Duro, en un suceso ocurrido en el sector Brisa Oriental VI.

Allí también resultó herido de gravedad el artista.

La acción vandálica está alcanzando ribetes alarmantes, al punto de que cualquiera pudiera decir que son hechos inducidos.

Si no lo es, los delincuentes entonces han entrado en una guerra abierta y desafiante con las fuerzas policiales, que tampoco reculan en enfrentar el delito en todas sus manifestaciones.

Los delincuentes se han sublevado armados con artefactos más sofisticados y de más altos calibres que los usados por los uniformados.

Aunque el crimen de la esposa de Julián Oro Duro parece una acción propia del raterismo, no es menos cierto que los cacos crecen en números y acciones vandálicas como las verdolagas en cafetal.

Gilberto Julián Sarante Perdomo (Julián Oro Duro) sobrevivió de chepa, pero su esposa tocó la peor parte de la acción delictiva.

¿Por qué tanta delincuencia?

Si analizamos sociológicamente el comportamiento de la juventud en las últimas tres décadas, abruptamente nos salpicamos con una verdad monda y lironda: el consumo elevado de estupefacientes y la frágil operatividad de los organismos competentes para enfrentar el crimen organizado.

La Policía dominicana no está preparada ni en número ni en armas para enfrentar a los insurrectos del crimen organizado, de quienes en muchos de los casos se dice que cuentan con la complicidad pasmosa de autoridades.

Sin que uno quisiera considerarlo, parece que los delincuentes se están formando en escuelas militares clandestinas, donde son proveídos con armas de guerra y buena precisión.

Habrá que crear un cuerpo armado especial para enfrentar la delincuencia.

Una estructura con formación ética y moral, cuyos miembros no miren para los lados ni se conviertan en aliados de los delincuentes.

Ese nuevo eje antidelincuencia debe ser entrenado y proveído de armas tan sofisticadas y de tanta calidad como las que usan los delincuentes para delinquir.

Al ritmo y el curso que han tomado los acontecimientos en los últimos años en la República Dominicana, la cacareada Reforma Policial y las constantes visitas a la sede policial del presidente Luis Abinader no han servido para nada.

Más bien parece que les jalan las orejas a los antisociales, que operan con suma facilidad en zonas urbanas y rurales del país sin que nadie los toque.

Cuando se movilizan al interior del país, van cargando fusiles, Uzis, pistolas con peine tipo «banana» de 30 cápsulas y escopetas de repetición.

Las requisas en carreteras han acertado al ocupar armas de guerra a delincuentes, pero luego no se sabe el destino de estas.

Ya es tiempo de tomar la decisión armada, utilizando la tecnología para erradicar ese mal de la delincuencia que va corroyendo paulatinamente la paz ciudadana, quebrada ante las miradas indiferentes de los hombres de uniforme y de las autoridades judiciales, que muchas veces son flexibles ante los rostros de los criminales.

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