Por Manuel Antonio Vega
La luz del viernes, esa que anuncia el descanso y la promesa del fin de semana, se quebró de golpe en el corazón de La Romana.
No fue un accidente de tránsito ni el bullicio habitual del centro, sino un eco más sombrío, el de la violencia que a veces irrumpe sin aviso.
La víctima fue un joven, Luis Ángel Eusebio Alcequiez, un nombre que ahora resuena con la tristeza de lo truncado.
Tenía apenas 28 años el joven, Luis Ángel, quenno era solo un taxista. Era un hombre con dos frentes de batalla, un motor que lo movía entre el volante de su vehículo y la administración de una agencia de carros en el centro de la ciudad.
Era el nativo de Cabrera, provincia María Trinidad Sánchez, que había forjado su vida a muchos kilómetros de casa.
El incidente, confuso y rápido, ocurrió en plena tarde, justo frente al local que él ayudaba a mantener en pie.
Aunque las primeras versiones apuntan al brutal zarpazo de un atraco, las circunstancias exactas aún se encuentran en esa tierra de nadie donde la verdad espera ser desenmascarada por la investigación.
Un disparo, cambió un destino:
Un único disparo, certero y cruel, hizo añicos su tarde y su vida. Le impactó en el brazo izquierdo, pero su trayectoria fue fatal, penetrando el tórax.
El auxilio fue inmediato, desesperado, fue trasladado de urgencia a la Clínica Canela I, con la esperanza de que la velocidad venciera a la tragedia.
Pero la esperanza es a veces una enemiga silenciosa, porque
cuando el médico legista Joel Cabrera se presentó en el centro de salud, la escena ya estaba consumada.
Luis Ángel había llegado sin signos vitales. El dictamen fue frío y definitivo: declarado fallecido.
La noticia zarpó del centro medico y como un reguero de pólvora, dejando a su paso el estupor y la indignación.
Miembros de la Policía Nacional y el Ministerio Público se apersonaron en el lugar y en la clínica.
Toca ahora a las autoridades desentrañar la madeja, ir más allá de la aparente resistencia a un asalto para establecer la «causa real» detrás de este acto.
El cuerpo de Luis Ángel, el joven de 28 años con raíces en Cabrera y sueños en La Romana, fue enviado al Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF) en San Pedro de Macorís.
Allí, la autopsia se encargará de narrar con rigor científico la historia del disparo, mientras la ciudad espera con el aliento contenido un informe oficial que arroje luz sobre la oscuridad de este viernes fatídico.
Luis Ángel Eusebio Alcequiez es ahora otra estadística dolorosa, pero sobre todo, es un vacío en la vida de su familia y un recordatorio amargo de la fragilidad de la vida cotidiana.







