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Se apaga la voz más valiente del béisbol en Hato Mayor: Muere Rosaida Jiménez Gil (Coca)

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Por Manuel Antonio Vega

​HATO MAYOR DEL REY – El play municipal hoy guarda un silencio distinto. No es el silencio de un juego terminado, sino el de una ausencia que pesará por generaciones.

Rosaida Ibernia Jiménez Gil, conocida por todos simplemente como «Coca», la mujer que no solo enseñó a lanzar pelotas sino que moldeó ciudadanos, ha fallecido a causa de un infarto agudo al miocardio.

​Con su partida, Hato Mayor pierde a su «Madre del Béisbol», una figura cuya vida fue una carrera constante por el bienestar de la niñez y el desarrollo deportivo de su provincia.

​Un binomio histórico del deporte

​La historia de Coca no se puede contar sin mencionar su unión con el legendario dirigente deportivo Jutico Sabino.

Juntos, formaron un equipo invencible dentro y fuera del terreno.

Tras la partida de Jutico, Coca no dejó caer el guante; asumió con una determinación inquebrantablelas riendas de la Liga Deportiva Sabino, convirtiéndola en un semillero de sueños donde el polvo de los diamantes se transformaba en contratos de Grandes Ligas.

​Bajo su tutela, diversos jóvenes lograron dar el salto al profesionalismo, pero para ella, el mayor triunfo siempre fue sacar a un niño de las calles y ponerle un bate en las manos.

​»Aguerrida y sin filtros»: Su lucha por el deporte

​Si algo definía a Coca, era su carácter indomable. No era solo una entrenadora; era una activista.

​Frente a los funcionarios: Coca no pedía favores, exigía derechos. Era conocida por enfrentar a las autoridades locales y nacionales, reclamando con voz firme mejores condiciones para las instalaciones deportivas.

​Voz de denuncia: Nunca guardó silencio ante el abandono de los estadios. Su valentía la convirtió en el azote de la burocracia y en el escudo de los jóvenes atletas que no tenían voz.

​Dejó un legado de servicio y alegría, pues
​detrás de esa mujer aguerrida que peleaba por su liga, se escondía un ser humano de una calidez excepcional.

Quienes la conocieron la describen como: Amena, que siempre tenía una historia o un consejo a flor de piel;
​servicial, pues su casa y su liga eran puertas abiertas para quien necesitara ayuda; colaboradora, ya que su vida fue un ejercicio constante de entrega al prójimo.

​»Se ha ido una potencia, una mujer que no le tenía miedo a nada cuando se trataba de defender el deporte», comentan colegas de la crónica deportiva local, en las redes sociales.

​El último out

​Su fallecimiento representa un duro golpe para la clase deportiva dominicana. Coca no solo dejó jugadores firmados; dejó un estándar de dignidad y pasión que será difícil de igualar.

Hato Mayor hoy llora a su hija predilecta, pero su legado vibrará cada vez que un niño de la Liga Sabino corra hacia la primera base.

​Paz a los restos de una grande. ¡Hasta siempre, Coca!

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