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El campo entre la plaga de la indiferencia y el abandono oficial

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​Por Manuel Antonio Vega

​La producción nacional atraviesa hoy uno de sus momentos más lúgubres. No se trata solo de la naturaleza ensañada contra el sudor del campesino; se trata de una mirada ciega, sorda y muda por parte de las autoridades que deberían ser el motor del desarrollo.

Mientras el discurso oficial se llena de cifras alegres en cómodas ruedas de prensa, en los campos lo que se cosecha es desesperación, pues las plagas y enfermedades están diezmando la soberanía alimentaria del país ante la inexistencia de controles sanitarios reales y una asistencia técnica que parece haber pasado a la historia.

​1. Cítricos: El Ocaso del Dragón Amarillo
​La tragedia citricola en provincias como Hato Mayor, El Seibo e Higüey es el monumento al olvido. El HLB (Huanglongbing) o «Dragón Amarillo» no es una amenaza nueva; lleva 15 años devorando plantaciones, y la respuesta estatal ha sido el silencio.
​El Vector: La Diaphorina citri se pasea a sus anchas por las fincas, mientras los árboles que se secan, dan frutos amargos y deformes, y miles de tareas convertidas en cementerios de troncos secos.

​ Los productores han tenido que diversificar por cuenta propia para no sucumbir a las deudas con la banca privada, mientras el Estado observa cómo desaparecen renglones enteros de nuestra economía regional.

​2. El Cacao: ¿Oro Marrón o Miseria Vestida de Exportación?
​El cacao dominicano, nuestro «oro marrón» y orgullo en los mercados europeos, está bajo asedio. No basta con el daño del pájaro carpintero y los roedores; enfermedades fúngicas están ganando la batalla por la falta de monitoreo técnico.

​Las Amenazas: La Fitóctora (mazorca negra) y el Mal de Machete (Ceratocystis fimbriata) están matando ramas y plantas de manera progresiva.

El Ministerio de Agricultura ha dejado las fincas a merced de la moniliasis y la escoba de bruja. Sin higiene, sin podas y sin asistencia técnica estatal, el cacao de exportación tiene los días contados.

​3. Bananos y Plátanos: El Golpe de la Sigatoka y el Fusarium
​El plátano, alimento base de la mesa dominicana, está siendo acorralado por enemigos invisibles pero letales, pues la intervención oficial, cuando llega, es apenas un «amague» económico que no resuelve el problema de fondo.

​La Sigatoka Negra reduce la fotosíntesis y destruye cosechas enteras, pero la aplicación de fungicida resulta insuficientes, para enfrentar el problema, que cada día es más preceptinle.

​La amenaza global

El Mal de Panamá (Foc R4T) es el fantasma que recorre el Caribe, y nuestras fronteras sanitarias parecen puertas abiertas para este hongo que sobrevive años en el suelo.
​Bacterias y Virus: El Moko y el virus del Mosaico completan un cuadro clínico terminal para el sector bananero.

​4. El Arroz y el Aguacate: Bajo fuego cruzado

​Ni siquiera el arroz, el cereal de mayor consumo nacional, escapa a este «ataque despiadado». El Brusone y el Virus de la Hoja Blanca amenazan con pérdidas superiores al 50%.

Por otro lado, el aguacate sufre el ataque del chinche Monalonion y la podredumbre de la raíz, restando valor comercial a un producto que debería estar inundando los mercados internacionales.

​El peor enemigo del sector agropecuario lo constituye la «Muleta» oficial que no camina.

​La amenaza más devastadora para el productor no es una bacteria ni un hongo; es la apatía gubernamental, pues las instituciones del sector agropecuario parecen despertar únicamente cuando el calendario marca tiempos de campaña electoral o cuando la reelección está en juego.

Solo en ese escenario, los funcionarios aparecen para prometer soluciones que se desvanecen tras el cierre de las urnas.

​Las carencias que asfixian al productor, lo llevan a un
​camino de muerte, dado a qué las vías de acceso a los proyectos de arroz, cacao y cítricos son intransitables, encareciendo el transporte y dañando la poca fruta que sobrevive a las plagas.
​Financiamiento de cartón

Se anuncian millones en préstamos que solo existen en los titulares de los periódicos, pero el productor real termina «embarrado» en la banca informal con intereses que devoran su patrimonio.

​ No hay una regulación firme que impida la introducción de nuevas plagas, dejando nuestra frontera fitosanitaria en un estado de vulnerabilidad absoluta.

​ ¡Inversión Ya, amague jamás!

​El campo dominicano no aguanta más retórica.

Se necesita un gobierno que entienda que la soberanía nacional empieza en la tierra., que hace falta inversión real en tecnología, recuperación de los sistemas de riego, rehabilitación de caminos y, sobre todo, asistencia técnica permanente en las fincas, no en las oficinas climatizadas de la capital.

​Es hora de que el apoyo oficial deje de ser una muleta rota y se convierta en el motor que el productor nacional merece.

​¡Basta de promesas, el campo exige acción!

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