Vismailin, el diamante escolar en Los Hatillos de Hato Mayor

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Por Manuel Antonio Vega

HATO MAYOR.– En el corazón de la comunidad satélite de Los Hatillos, a tres kilómetros al sur de esta ciudad ganadera, el paisaje cotidiano se ve interrumpido por una luz de los estudios que desafía la monotonía. Con apenas 13 años, Vismailin Giménez Hernández se ha convertido en un verdadero orgullo local y en un referente de dedicación.

Sin embargo, verla caminar con sus más de 20 medallas y decenas de reconocimientos no es solo presenciar un éxito juvenil; es asistir, en tiempo real, a la materialización de lo que los antiguos filósofos griegos llamaban «Eudaimonía o la autorrealización humana».

Aristóteles sostenía que la felicidad no es un estado de pasividad, sino el resultado de desarrollar nuestras virtudes al máximo. A su corta edad, Vismailin encarna la ética de las virtudes.

Sus medallas no son trofeos o preseas de la vanidad, sino el reflejo de la templanza, la fortaleza y una disciplina constante que demuestra que la excelencia, como decía el estagirita, no es un acto aislado, sino un hábito.

La vocación como deber moral

Más allá de sus logros actuales, la gran meta de Vismailin habita en el futuro: sueña con convertirse en doctora. En este punto, su historia se conecta con el pensamiento de Immanuel Kant y su imperativo categórico.

Para Vismailin, la medicina no se perfila como un medio para alcanzar riqueza o estatus, sino como un deber moral autoimpuesto para servir a su sociedad.

Es el deseo de sanar al otro, tratando a la humanidad siempre como un fin en sí misma y nunca como un simple medio.

«Esta jovencita es un orgullo para todos nosotros. Con la ayuda y el impulso de las autoridades correspondientes, estamos seguros de que Vismailin alcanzará su sueño de ingresar a las aulas universitarias y convertirse en una profesional de la medicina que pondrá en alto el nombre de Hato Mayor», comentan con esperanza los vecinos de la comunidad Los Hatillos.

Sin embargo, la filosofía también nos enseña que el individuo no es una isla. El existencialismo de Jean-Paul Sartre nos recuerda que «estamos condenados a ser libres» y a construir nuestro destino, pero esa construcción se vuelve cuesta arriba cuando el entorno es adverso. El talento excepcional de Vismailin requiere, de manera urgente, el respaldo institucional.

Desde la perspectiva de la filosofía política y pensadores como John Rawls y su teoría de la justicia como equidad, una sociedad justa es aquella que garantiza la igualdad de oportunidades.

Que una mente brillante como la de esta adolescente se convierta en doctora no debería depender del azar o de la geografía, sino del compromiso del Estado a través de un contrato social que impulse el talento allí donde florezca.

Vismailin Giménez no solo espera el apoyo de las autoridades; nos interpela a todos.

Su vida, a los 13 años, ya es un ensayo filosófico en movimiento: la demostración viva de que el conocimiento y el servicio son las herramientas más nobles para transformar el mundo.

Hato Mayor tiene un diamante; corresponde ahora a la sociedad dar el marco para que termine de brillar.

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