«La Planaria», un síndrome necesario en la política dominicana

Fecha:

Por Manuel Antonio Vega

En la biología, la planaria es un gusano plano famoso por tener superpoderes científicos: si la cortas en veinte pedazos, cada fragmento es capaz de regenerar un cerebro, una cabeza y un cuerpo completo en cuestión de días. No importa qué tanto la aplastes, se niega a morir.

En la fauna política de la República Dominicana ocurre un fenómeno idéntico. En las anteparas de los ministerios, en los pasillos de las gobernaciones provinciales y en las caravanas de campaña, habita una mutación de este parásito: la planaria política.

Anatomía del «tributario» del poder

A diferencia de los militantes tradicionales que buscan un nombramiento con decreto, la planaria política no necesita estar en la nómina pública. No es ministro, ni director, ni empleado de carrera. Sin embargo, viste impecable, calza costoso, anda «bien montao» y simula la prestancia de un alto funcionario.

¿De qué vive? Del libre ejercicio del «amarre». Es un gestor de la sombra, un solucionador de problemas ajenos que sabe perfectamente a quién llamar en la policía, la justicia o el ayuntamiento para destrabar un expediente.

Su ganancia no es un sueldo, sino la tajada del pastel que muerde por cada favor concedido.

La inmunidad a la humillación

Lo más fascinante (y repulsivo) de este personaje es su capacidad de regeneración ante el insulto.

La planaria política carece de orgullo o dignidad; está diseñada para soportar el desprecio.

Un funcionario soberbio puede pisotearlo públicamente, gritarle en un pasillo o negarle el saludo en un acto masivo.

Cualquiera caería en la vergüenza, pero la planaria política tiene la piel de amianto: muta su cerebro al instante, olvida el agravio sin perder la memoria del negocio, y al día siguiente regresa sonriente a la misma puerta, con la cabeza intacta y listo para seguir sirviendo.

Como las anguilas de agua dulce, se deslizan entre el fango sin mancharse el traje.

«Los puedes partir en pedazos con el látigo de la indiferencia o el desprecio, y cada trozo volverá a caminar hacia el calor del poder».

Un parásito necesario

Aunque muchos los miran con asco, los partidos políticos, especialmente cuando llegan al gobierno, los consideran un mal necesario.

Hacen el trabajo sucio que el funcionario formal no puede o no quiere hacer.

Tienen vocación de «calieses» (informantes), huelen las traiciones antes de que ocurran y son capaces de sacrificar al empleado más noble y trabajador con tal de salvar su propio pellejo y congraciarse con el jefe de turno.

Llegan a los mítines antes que la avanzada presidencial, se acomodan en la primera fila de los entierros y celebran los cumpleaños de los hijos de los directores con más entusiasmo que la propia familia.

Un modelo de estudio nacional

Es probable que este espécimen exista en otras latitudes de América Latina, pero en suelo dominicano ha encontrado su hábitat perfecto gracias al clientelismo y al «tigueraje» ancestral.

Su reproducción ya no es un caso aislado; es una plaga con presencia en cada municipio del país.

La planaria política es, en definitiva, el modelo ideal para la investigación sociológica en la República Dominicana: un organismo mutante que sobrevive a los cambios de gobierno, invulnerable a la vergüenza, que se alimenta de las migajas del poder y que, al final del día, siempre termina comiendo del pastel que otros cocinaron.

💡 Consejos para el toque final si decides publicarlo:

«La planaria política» está por doquier, haciendo el bien, haciendo el mal.

spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Compartir esta publicación:

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

Popular

Más como esto
Relacionado

Keiko Fujimori será la presidenta de Perú

POR EFEEL PERÚ.-El escrutinio de la segunda vuelta de...

Félix W. Bernardino: el gánster

POR FARID KURY No todos los hombres reciben un apodo...

Alofoke tiene sus votos​Por Manuel Antonio Vega

​Propóngaselo o no, Santiago Matías (Alofoke) ha irrumpido con...

Bruma, silencio y una bala fue el misterioso fin del capitán Anico Guerrero

​La madrugada en la Autopista Profesor Juan Bosch suele...