Por Manuel Antonio Vega
En el siglo XX, la educación dominicana implementó una forma de contar que, además de dinámica, despertaba el interés cognitivo en los estudiantes de tal manera que todos querían ponerse frente al artefacto numérico, moderno para la época. Era el ábaco, una herramienta que se fue consolidando hasta alcanzar el grado máximo del conteo numérico en las escuelas primarias. La aritmética no podía vivir sin el ábaco, pues permitía un desarrollo dinámico y despertaba interés en los niños, quienes se apresuraban en aprender a contar.
Esta metodología no era solo un ejercicio técnico; constituía un puente epistemológico donde el objeto físico y el concepto abstracto se fusionaban, enseñando que cada movimiento de una cuenta alteraba irreversiblemente la realidad del total.
Extrapolar la enseñanza del ábaco a la economía dominicana contemporánea pudiera ser visto como un exabrupto en el conocimiento humano. Pero no es así.
Se hace urgente implementar un mecanismo rudimentario, pero éticamente infalible, para llevar las estadísticas reales de nuestras finanzas, pues los préstamos en los organismos internacionales van en aumento desmedido, mientras el dinero tomado no se traduce de manera tangible en las obras para las cuales fue solicitado.
El endeudamiento no para, convirtiéndose en una espiral que compromete el bienestar de las próximas generaciones.
Ante esta realidad, tendremos que regresar al viejo ábaco para enseñar a los economistas del gobierno el papel crucial que juega la aritmética en la vida económica de un país del tercer mundo como el nuestro, donde las fugas o la desaparición de los recursos se han normalizado bajo el manto de la burocracia.
Desde la perspectiva de la filosofía política, el manejo de los fondos estatales nos reconduce al dilema clásico del contrato social.
Filósofos como Thomas Hobbes o Jean-Jacques Rousseau planteaban que el Estado existe para proteger y administrar con justicia los bienes colectivos.
Cuando las estructuras públicas pierden su norte ético, el poder transmuta en dinámicas de rapiña.
Lo que hoy presenciamos en la administración del Estado dominicano puede definirse conceptualmente como la “acción piraña del gobierno”.
Esta conducta evoca una voracidad insaciable, un canibalismo presupuestario donde múltiples intereses particulares, amparados en la opacidad institucional, devoran los recursos comunes fragmento a fragmento hasta dejar solo el esqueleto de las promesas electorales.
El desfalco hormiga y la dispersión presupuestaria constituyen las mordeduras silenciosas de este fenómeno depredador que vacía las arcas nacionales ante la mirada atónita de la ciudadanía.
Tendremos que volver al cálculo mental y a la comprensión de las matemáticas abstractas a través de la manipulación física para confrontar este vacío ético.
A pesar del auge industrial y las calculadoras electrónicas, el ábaco se mantuvo firmemente en las aulas del mundo, especialmente en Asia, Europa y América Latina.
Entre sus aportes pedagógicos clave se destacaba la potenciación del cálculo mental: metodologías orientadas al uso del ábaco sorobán demostraron que la memorización de las cuentas permitía realizar operaciones complejas a velocidad sorprendente, estimulando la lógica y la creatividad espacial.
Coincidiendo con las teorías constructivistas de pedagogos como Jean Piaget y Maria Montessori, el ábaco sirvió como el lazo perfecto entre lo concreto y lo abstracto.
Lamentablemente, en la actual gestión pública, la abstracción se utiliza para el engaño y el ocultamiento de las deudas.
Los números del gobierno de turno, y los de aquellos que ya han pasado por el Estado vistiendo otros colores partidarios, simplemente no cuadran. No dan exacto.
Resulta paradójico que, con tantos avances tecnológicos, incluyendo la Inteligencia Artificial y los sistemas automatizados de auditoría, la transparencia siga siendo un fantasma.
La tecnología, lejos de fiscalizar el gasto, parece ocultarlo bajo sofisticados discursos técnicos, confirmando el viejo postulado filosófico de que la técnica sin conciencia no es más que la ruina del alma colectiva.
Recordamos que los últimos préstamos aprobados por el Congreso Nacional de la República Dominicana se justificaron bajo el pretexto de destinarse a la infraestructura vial, gestión de recursos hídricos, medio ambiente y fortalecimiento institucional.
Sin embargo, cuando pasamos revista a los proyectos financiados por estos paquetes económicos recientes, la «acción piraña» se hace evidente en la parálisis o inexistencia de las obras en el terreno.
En Infraestructura y Seguridad Vial se aprobó un financiamiento de US$200 millones con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a cargo del Ministerio de Obras Públicas (MOPC) e Intrant, con el fin de contrarrestar los accidentes y mejorar el tráfico. El caos vial sigue intacto.
En Agua y Recursos Hídricos, se otorgó un crédito de US$265.5 millones para el Manejo de la Cuenca del Río Yuna a través del Indrhi; se hizo el desembolso, pero nada se está ejecutando.
Asimismo, la Ampliación del Acueducto Oriental, respaldada por US$97.2 millones con la Corporación Andina de Fomento (CAF) para optimizar el suministro de agua potable en Santo Domingo Norte, es un proyecto que no inicia.
Los fondos del Saneamiento Turístico en Punta Cana-Bávaro y el paquete de US$600 millones para la Resiliencia Ambiental frente al cambio climático se encuentran diluidos; nadie sabe dónde se ejecutan.
Finalmente, los US$350 millones aprobados con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) para «Operaciones de Políticas de Desarrollo» sirvieron meramente para otorgar liquidez presupuestaria, alimentando el gasto corriente.
La aprobación de estos fondos generó un intenso debate legislativo en el cual las bancadas de la oposición manifestaron su rechazo ante el ritmo de endeudamiento del sector público.
Por lo tanto, tendremos que volver al ábaco para enseñarle aritmética a los del gobierno, para que los fondos de los préstamos den exactamente, la voracidad piraña sea contenida por la rigidez matemática y los recursos corran hacia su destino original.







