La crónica del accidente donde murieron Sandra y Achú hace 30 años en Hato Mayor

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Por Manuel Antonio Vega
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HATO MAYOR.- Sandra Céspedes y Manuel de Jesús Rosario (Achú), llevaban varios años casados sin procrear hijos, por lo que decidieron adoptar un niño de tres meses de nacido, el que desde que llegó a ese hogar se convirtió en la alegría de la pareja.

Como no lo hacían desde mucho tiempo, Sandra y Manuel sonreían aun sin que para los demás hubiera motivos, sólo por la presencia del pequeño, al que bautizarían esa semana con los mismos nombres del padre adoptivo: Manuel de Jesús.

En fin, en ese hogar la felicidad llegó por lo menos hasta el jueves 11 de este mes pero de 1996, cuando la familia completa retornaba de Santo Domingo, donde viajó junto a su amiga Rosa María Gil de Severino, para comprar algunas cosas para el bautizo de Manuel de Jesús junior.

Feliz como estaba el recién estrenado padre, conversaba animadamente con su esposa Sandra Céspedes y la amiga, cuando de pronto quedó indefenso al observar con estupor cómo una patana se le venía encima, al tratar de rebasar un vehículo en una curva.

“¡Cuidado Manuel, cuidadoooo!!», fueron las últimas palabras que pronunciaron casi a coro las dos mujeres, como tratando de evitar con sus gritos ser aplastados por el pesado vehículo, como ocurrió.

Crónica del accidente

La tragedia se produjo a la altura del kilómetro 10 de la carretera que une este municipio con San Pedro de Macorís, en una curva, denominada » Curva de la Jaiba», en que se encontraron de frente la patana placa LF-8634, propiedad de la empresa Ocisa Asfaltos, S.A., conducida por el nombrado Julio Miguel Guerrero Rosario, de 51 años de edad, quien huyó del lugar luego del accidente.

Testigos oculares del accidente contaron que éste se produjo cuando la patana se desplazaba «como alma que lleva el Diablo» e intentó rebasar a un motor en una cerrada curva de esa carretera, en momentos que se acercaba el carro… segundos después, causándole la muerte a la pareja de esposos, a la señora Gil de Severino y al niño.

Los cuerpos sin vidas de los esposos y de su pequeño niño, quedaron totalmente desfigurados y el vehículo en el que viajaban destruido por completo.

El trágico accidente ocurrió a las 6:45 de la tarde y para sacar los cadáveres se necesitaron alrededor de tres horas, tras lo cual fueron llevados al sub-centro de salud «Dr. Leopoldo Martínez», desde donde fueron retirados por sus familiares.

Las víctimas y la comunidad

Los esposos Sandra y Achú, de 39 y 41 años respectivamente, tenían más de 10 años dedicados al mundo del espectáculo y eran propietarios del restaurante «D’ Ach Dancing» y la floristería «Monte Casino», de aquí.

Al momento de su muerte los esposos Rosario-Céspedes preparaban una fiesta en su negocio con la orquesta «La Banda Loca».

Achú Rosario era hijo de los señores Manuel Rosario y Mercedes Zorrilla, y hermano del locutor Carlos José Rosario y de Chichi Manuel, del exsíndico Víctor Rosario y la exregidora, Mercedes Rosario.

La señora Kikí Gil de Severino, la otra víctima, era propietaria de una boutique, ubicada en el centro de esta ciudad.

Rosa María Gil de Severino (Kiki), madre de dos niños y cuyo esposo residía en los Estados Unidos, recibió fracturas en la base central del cráneo, rotura de vísceras y politraumatismos severos.

Al siniestro solo sobrevivió Hilda Leónidas Rodríguez, pero perdió un embarazo de varios meses de evolución.

Tal y como dice el refranero popular nadie se muere un día antes, pues aunque la nombrada Leonilda Rodríguez, mejor conocida como Hilda, iba en el vehículo accidentado, por haber conseguido «una bola» (un aventón) desde San Pedro de Macorís, fue la única sobreviviente, aunque resultó gravemente herida, por lo que fue llevada al centro médico «Dr. D’ León», donde permaneció internada en estado crítico por vários días.

Hilda perdió un embarazo de cinco meses y hubo que hacerle tres operaciones, en el vientre, los brazos y de riñón.

Diagnósticos médicos

Al ser examinado el cadáver de Achú Rosario por el doctor Arismendy Rodríguez, médico legista local, éste diagnosticó la muerte como consecuencia de los politraumatismos recibidos en la generalidad de su cuerpo, especialmente en la cabeza, con expulsión de la masa encefálica, por lo que su rostro quedó totalmente desfigurado.

De su lado, doña Sandra recibió fracturas múltiples, heridas amplias en la cara, además de rotura en distintas partes del cuerpo.

El pequeño Manuel de Jesús, quien iba en el asiento delantero del carro, recibió fractura en la región frontal con aplastamiento y pérdida total de masa encefálica.

La versión del chofer

El chofer de la patana, Julio Miguel Guerrero Rosario, de 51 años, se entregó al día siguiente a las autoridades en el Palacio de la Policía, de la capital, desde donde fue trasladado a esta ciudad.

En el destacamento policial, Guerrero Rosario ofreció al periódico Agro Este de Manuel Antonio Vega, su versión de los hechos, señalando que regresaba de la comunidad de La Pringamosa, de aquí, y que al momento del accidente estaba lloviendo.

«Al aproximarme a la curva, el tractor halaba una carreta con caña, por lo que frené, pero el vehículo se me cuadró, avanzando en zigzag, cuando de repente encontré de frente el carrito y parece que no le quedó otra alternativa y se metió abajo de la patana», declaró.

Subrayó que iba de norte a sur a una velocidad más o menos de 60 kilómetros por hora, como establece la ley, pero que el vehículo que guiaba es una patana de hace 35 años: «vieja no da más de 70, aunque la estén empujando», indicó para justificar que se desplazaba a poca velocidad y que «la patana no corre mucho».

Dijo además que trabajaba por hora, por lo que no tenía necesidad de estar corriendo a alta velocidad.

La patana iba vacía desde la comunidad La Pringamosa hacia el kilómetro 12 de Cumayasa, en La Romana, en donde buscaría unos neumáticos de la empresa propietaria del vehículo.

Guerrero Rosario sostuvo que el tractor iba bastante lejos cuando se produjo el accidente y que en ningún momento trató de rebasar, refiriendo que: «yo no tengo fiebre de correr, tengo más de tres años conduciendo este tipo de vehículo».

«Sinceramente me he sentido mal, ya que además posiblemente las víctimas hasta parientes podríamos ser, porque ellos son apellido Rosario y yo soy Guerrero Rosario, de La Romana».

Dijo que el caso le conmovió tanto que ni quiso comer en su casa, agregando que nadie quiere verse envuelto en un problema y que nunca había tenido un accidente.

El Fiscal

El procurador fiscal de de la época, doctor Bolívar Inaudi Justo Coss, se acogió a las 48 horas que da la ley 241, para conocer, estudiar y calificar el expediente.

Dolor y clamor de justicia

Familiares de las víctimas se presentaron en aquel entonces a la fiscalía, ubicada en el sector Puerto Rico y entre llantos, gritos y otras manifestaciones de dolor pidieron al fiscal que le dejara ver el matador de sus parientes.

El fiscal Bolívar Justo permitió que varios familiares observaran desde una distancia de cinco metros al chofer Julio Miguel Guerrero Rosario.

Cientos de personas que acudieron a la fiscalía pidieron a las autoridades que le cancelen la licencia y lo envíen a la cárcel.

Fue un hecho que marcoy para siempre a varias familias y la propia población de Hato Mayor, que un recuerda el suceso tráfico.

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