La policía dominicana anda de caza

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Por Manuel Antonio Vega

Desde el génesis del sistema de cosas sobre la tierra, el hombre salía a cazar animales salvajes y domésticos para sostener su alimentación. Se cazaban venados y jabalíes en expediciones que marcaban el ritmo de la supervivencia. Los grupos humanos desde siempre solían ir al bosque a cazar para poder comer con su familia y guardar reservas para los días postreros.

Se iba al bosque según la clasificación de la época o los periodos geológicos correspondientes.

En la era del Paleolítico, según la tradición escrita, los asentamientos humanos eran seres nómadas.

Vivían en los bosques, las montañas y las llanuras con el único objetivo de buscar qué atrapar para no dejarse morir de hambre. Era la llamada Edad de Piedra.

Más adelante, en el Neolítico, el ser humano comenzó a buscar refugios estables y a desarrollar la agricultura, pero sin abandonar la caza como un medio fundamental de sustentación.

En aquellos tiempos remotos se cazaban grandes mamíferos. No se hacía solo por la carne, sino también para utilizar sus pieles y colmillos como accesorios y abrigo para cubrirse el cuerpo.

Se perseguían los mamuts y los mastodontes, los cuales atrapaban con rústicas trampas utilizando belfos, bejucos y maderas de los bosques.

Los ancestros llegaron a engullir la carne de rinocerontes, bisontes y de los uros, aquellos imponentes animales que terminaron por ser los toros de potreros de la presente generación.

Asimismo, se salía a cazar a los osos de las cavernas, tanto para degustar su carne como para apropiarse de sus refugios naturales.

La caza humana

Antiguamente también se libraron cruentas batallas para exhibir fortaleza y mantener los reinados en naciones y pueblos de la antigüedad.

Sin embargo, en la República Dominicana, una pequeña porción de tierra en una isla caribeña, las batallas modernas se libran sacrificando a los seres humanos.

Se mata a las personas a tiros en supuestos intercambios de disparos.

Lo grave es que esto no se hace para comerse la carne de las víctimas, sino para sostener un empleo y ganar preseas dentro del cuerpo policial.

Es una carnicería rasante que se libra contra supuestos delincuentes en los barrios más vulnerables del país.

Este gobierno lleva seis años exterminando a tiros a hombres que muchas veces están completamente desarmados.

Se trata de una caza desigual que debe detenerse de inmediato, pues al ritmo que va este doloroso holocausto humano, pronto escasearán los hombres jóvenes en las comunidades de la isla La Española.

Si observamos la historia, en la antigüedad se sacrificaban los animales salvajes para el sustento y la evolución humana.

En pleno siglo XXI, en la República Dominicana, se dispara para matar a un semejante con el único fin de asegurar un puesto, recibir el aplauso de superiores y ganar reconocimiento o un rápido ascenso en las filas de la uniformada.

Fábrica de limpiadores

En la actualidad, la policía dominicana no ha sido entrenada para cazar jabalíes en los montes, sino para perseguir seres humanos en las calles y alcanzar méritos a costa de la sangre ajena.

La carnicería humana que se ha desatado contra civiles en el país no se detiene. Al parecer, las autoridades buscan domesticar a la población a base de tiros limpios, sembrando el terror en lugar de garantizar la seguridad ciudadana.

Esta alarmante práctica convierte a la institución del orden en una fábrica de limpiadores sociales, donde la vida ha perdido su valor supremo.

El gatillo alegre se ha institucionalizado como la respuesta estándar ante la delincuencia, saltándose las leyes y la propia Constitución.

La sociedad contempla con horror cómo el debido proceso ha sido sustituido por ejecuciones sumarias en plena vía pública.

Urge una reforma policial profunda que sustituya las armas letales por inteligencia, educación y respeto absoluto a los derechos humanos.

No podemos permitir que la solución a la violencia sea más violencia estatal, convirtiendo nuestras calles en un perenne escenario de caza.

Los humanos son jabalí ni paloma para derribarlo con balas. Paren eso ya.

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