Cuando quería conocer de los últimos acontecimientos ocurridos en Villa Canto, entonces corría a casa de Bisonó, que vivía justamente frente a la casa de mis padres, en la Santiago Silvestre.
Le gustaba disfrutar la vida y vivir alegre; era loco con la milicia. Soñaba ser oficial de verdad, porque su voz y sus historias lo delataban en su interés.
Su casa vivía llena de mujeres y hombres de toda la ciudad, pues era uno de los sastre remendón más famoso y ganó fama de ser un buen confeccionador de capas para vaqueros.
Sus amigos íbamos a diario a su casa, solo para saber el chisme del momento y quien le había sido infiel al marido en el barrio.
Quienes le conocieron llegaron a creer en la percepción que era charlatán y borachón, pero no.
A cada habitantes del barrio, el le tenía su perfil, haciendo historias, que creo solo existía en su sabía cabeza de entretener a los clientes.
Era de aquél tipo de personaje que te mantenía ocupado en el escuchar para aprender, pero a la hora de usted establecer una conversación seria, en medio de la seriedad, era difícil no perder la hilaridad, porque a cada expresión, a cada pregunta, a cada respuesta, le ponía como aderezo una de sus ocurrencias, que en vez de desagradar, hacia la conversación amena, divertida.
Pikinino, Coronel Bisonó o como quieras llamarle, se involucró y aprendió la sastrería con su madre Lidia Fulgencio y su tía Candita.
Su lenguaje siempre fue mercurial, el que creo aprendió con su pariente, Aladino Candelario, otra leyenda del baile y la sastrería que recorrió por las calles de Hato Mayor del Rey
Se definía como un hombre inquieto, pero de bajo perfil, que no andaba buscando cámaras de los medios de comunicación, sino, ser Bisonó
Cuenta aquí qué sabes o qué aprendiste de Pikinino.








