Por Manuel Antonio Vega
SAN PEDRO DE MACORÍS.– La carretera Mella, ese tramo de asfalto que tantas veces une pueblos y esperanzas, se convirtió la noche del sábado en el escenario de una tragedia que ha enmudecido a dos provincias del Este. En la peligrosa curva que abraza al histórico batey Angelina, la muerte se interpuso en el camino, apagando de golpe una vida y dejando otra debatiéndose entre la fragilidad y el milagro.
El reloj marcaba una hora de tránsito rutinario cuando el destino de Yisneri Aquino Reyes, de 36 años, se detuvo para siempre.
Nativa de la laboriosa comunidad de Mata de Palma, en la provincia de El Seibo, pero aplatanada desde hacía un tiempo en la Sultana del Este, Yisneri viajaba como acompañante en una pasola.
Junto a ella iba su pareja, Efraín Zapata, aferrado al manubrio, guiando el vehículo con la familiaridad de quien conoce la ruta.
Sin embargo, la imprudencia vial, esa sombra constante que acecha los caminos dominicanos, se vistió de carro en la oscuridad.
Según los informes preliminares de los testigos y las autoridades de tránsito, la tragedia se desencadenó en cuestión de segundos, justo en la temida curva de Angelina.
El conductor de un automóvil, cuyo afán desafió la prudencia, intentó realizar una maniobra de adelantamiento en un tramo donde la visibilidad se reduce y el peligro aumenta.
Al rebasar al vehículo que le antecedía, el carro se encontró de frente, como un fantasma de metal, con la pequeña pasola en la que se desplazaba la pareja.
El choque frontal fue inevitable y devastador. El estruendo del metal retorcido rompió la calma de la zona, seguido de un silencio sepulcral que presagiaba lo peor.
El impacto fue de tal magnitud que Yisneri Aquino Reyes perdió la vida de manera instantánea sobre el pavimento.
Los golpes y heridas sufridas no le dieron tregua.
Su cuerpo quedó allí, enseñarnos de la vulnerabilidad humana frente a la prisa ajena, mientras la noticia de su partida comenzaba a golpear el corazón de su natal Mata de Palma y de los sectores que la conocían en San Pedro de Macoris.
A pocos metros del cuerpo sin vida de Yisneri, yacía Efraín Zapata, herido de gravedad pero aún aferrado al hilo de la vida.
Vecinos del batey, transeúntes y conductores que presenciaron la dantesca escena se acercaron conmovidos, intentando prestar los primeros auxilios en medio de la impotencia y la conmoción generalizada.
Los servicios de emergencia no tardaron en llegar.
Entre el ulular de las sirenas que desgarraban la noche, los paramédicos estabilizaron a Efraín y lo trasladaron de urgencia al Hospital Regional Dr. Antonio Musa, donde ingresó en estado delicado.
En las salas de ese centro de salud, los médicos batallan minuto a minuto por salvarle la vida, mientras sus familiares, sumidos en la angustia, esperan un milagro.
La comunidad regional despierta hoy con el luto en el rostro.
La curva de Angelina vuelve a teñirse de sangre, recordándole a las autoridades y a los conductores que las carreteras no perdonan los errores y que, detrás de cada maniobra temeraria, viaja agazapada la tragedia.






