Por Manuel Antonio Vega
En los callejones del sector Ondina, en Hato Mayor del Rey, el nombre de Michael Amaury García Astacio ya era conocido, pero no por los valores de trabajo que su familia intentó inculcarle.
Para todos era simplemente «Panto» (o «Pando»), un joven de 28 años que decidió cambiar el sudor del trabajo honrado por la adrenalina delictiva y el frío del acero de un arma.
Ese camino, que comenzó con reportes de motocicletas desaparecidas y atracos menores, encontró su muro final en la vecina provincia de El Seibo.
El error que selló su destino llegó cuando se precipitó aquel 29 de marzo de 2024 en la hermana provincia de El Seibo.
«Panto» no solo cometió un robo agravado contra la señora Mayra Del Carmen Pimentel Mauricio, sino que, en el azar del bajo mundo, eligió a la víctima equivocada: la pareja de un oficial de la Policía Nacional.
Este acto no solo activó la maquinaria de búsqueda, sino que puso al Ministerio Público sobre su rastro con una determinación implacable.
Michael Amaury, el joven que venía de una «familia trabajadora» pero que había decidido abandonar sus raíces, se sentó finalmente el pasado jueves frente a los jueces del Tribunal Colegiado.
Una sentencia sin matices
Dentro de la sala de audiencias, el peso de las pruebas fue abrumador. El Ministerio Público no pidió clemencia; solicitó una década de reflexión obligatoria tras las rejas.
Los jueces, tras analizar el historial de «Panto» y la gravedad del asalto a mano armada, acogieron la petición de manera íntegra del Ministerio Público.
El veredicto fue claro: Diez años de prisión. Ni más, ni menos.
Ahora, el bullicio de las calles de Hato Mayor y el ruido de los motores robados han sido sustituidos por el eco de los cerrojos en la Cárcel Pública General Pedro Santana.
»Panto» dejará de delinquir por una década. Para su familia, queda el amargo sabor de haberlo dado todo y verlo perderse; para El Seibo, la pequeña victoria de una calle un poco más segura; y para Michael, diez años para pensar si el «botín» de aquel marzo realmente valió el precio de su libertad







