Un solo médico para 20 mil almas en Sabana de la Mar

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Por Manuel Antonio Vega

El título no es una hipérbole ni un recurso literario para llamar la atención; es una radiografía del abandono. Saber que en pleno siglo XXI el municipio costero de Sabana de la Mar depende de un solo médico por noche para atender a una población que ronda los 20,000 habitantes no solo es desgarrador, sino inaudito e inaceptable. Es un drama que, lamentablemente, se repite con dolorosa simetría en diferentes rincones de la isla Hispaniola, pero que aquí roza los límites de lo absurdo y lo espeluznante.

La denuncia formulada por la filial de la Comisión de los Derechos Humanos no es una simple queja gremial; es un grito de auxilio ante una bomba de tiempo sanitaria.

La ruleta rusa de la emergencia médica

Intentemos ponernos en los zapatos de ese único profesional de la salud atrapado en el Hospital Elupina Cordero. Las crónicas locales lo describen con crudeza: “Cuando hay un parto o una cirugía de algún tipo, el médico se ve obligado a abandonar la emergencia”.

Imaginemos por un segundo el dilema ético y humano de ese doctor.

¿Qué pasa si mientras asiste el nacimiento de un bebé en el quirófano ingresa por la puerta de urgencias un accidentado grave o un infartado? ¿A quién se decide salvar cuando los recursos humanos equivalen a cero?

Esta tétrica «ruleta rusa» hospitalaria evidencia que la atención médica en Sabana de la Mar está, literalmente, en estado de emergencia extrema. El hospital no necesita un diagnóstico; necesita una reanimación cardiopulmonar institucional antes de que caiga, de forma irreversible, en la sala de cuidados intensivos.

Del casco urbano al Paleolítico

Si la situación en el hospital municipal es dantesca, el panorama en las Unidades de Atención Primaria (UNAP) de los barrios y las zonas rurales es de «internamiento quirúrgico».

Allí la escasez no es una variable, es la norma: no hay medicamentos, faltan enfermeras y el personal, desbordado y sin herramientas, se ve obligado a abandonar los centros pasado el mediodía.

Al cerrar las UNAP, la salud de miles de dominicanos queda a merced de remedios caseros y de la suerte.

No es una exageración decir que, en términos de seguridad social y sanitaria, este laborioso pueblo costero ha sido empujado de vuelta a la era del Paleolítico.

Vivir desprotegido de la mano del Estado es una forma de violencia institucional.

Un llamado directo al Palacio Nacional

Un problema de esta magnitud no se resuelve con promesas burocráticas ni con comisiones de evaluación que dilaten las soluciones en el tiempo.

La gravedad de lo que ocurre en Sabana de la Mar exige que el propio presidente de la República, Luis Abinader, tome cartas en el asunto de manera inmediata.

Se requiere una intervención urgente del Ministerio de Salud Pública y del Servicio Nacional de Salud (SNS) para:
Designar de manera inmediata médicos especialistas y personal de enfermería suficiente para cubrir los turnos nocturnos y de fin de semana.

Abastecer de medicamentos e insumos básicos tanto al Hospital Elupina Cordero como a la red de las UNAP.

Dignificar las condiciones laborales del personal médico que hoy trabaja bajo un estrés deshumano.

No esperen la rebelión

La paciencia de los pueblos tiene un límite, y el límite del dolor y la impotencia es el más peligroso de todos. No se debe estirar más la soga de la tolerancia social. Un pueblo enfermo, que ve morir a los suyos por la simple ausencia de un estetoscopio o de unas manos profesionales, es un pueblo fértil para la indignación y la protesta.

Las autoridades tienen la palabra y la obligación de actuar. No esperen a que ocurra una tragedia colectiva imborrable.

No esperen, en definitiva, a que el pueblo se vaya a la rebelión para devolverle el derecho más sagrado de todos: el derecho a la vida.

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