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Crónica de un aire que mata: El último suspiro de Frank

Fecha:

​Por Manuel Antonio Vega

​El sol de la mañana y las lluvias caída
en Hato Mayor este sábado 17 de enero no logró disipar la sombra que envuelve al sector Puerto Rico.

Mientras el pueblo despierta con el habitual bullicio de sus calles, en una vivienda del sur de la ciudad del Cítrico , el silencio es sepulcral, interrumpido solo por el sollozo de quienes no encuentran consuelo.

Frank Sosa tenía apenas 22 años, la edad en la que el mundo suele ser una promesa, pero su historia se detuvo abruptamente este sábado.

​No fue un accidente de tránsito ni un acto de violencia.; fue algo más silencioso, más lento y, trágicamente, más evitable.

​Del taboncillo a la cama de hospital

​Muchos en el municipio aún recuerdan a Frank corriendo sobre el tabloncillo del Polideportivo «Hector-El Vikingo- Monegro».

Era un joven con energía, un atleta del Club Deportivo y Cultural Marcelino Vega.

Lo vieron crecer encestando balones en las categorías Minibasket e Infantil; era un joven que representaba la vitalidad de Villa Canto.

​Sin embargo, en algún punto del camino, el aire puro del deporte fue sustituido por el vapor espeso y aromatizado, que exterminó su vida.

Lo que empezó quizás como un juego o una moda entre amigos —la hookah y el vaper— terminó convirtiéndose en una trampa mortal para sus pulmones.

​Una agonía entre vapores

​La noticia de su ingreso al centro de salud circuló con preocupación hace unos días.

El diagnóstico era desgarrador, pues sus pulmones, aquellos que una vez le permitieron correr la cancha de extremo a extremo, estaban colapsados.

El uso excesivo de estos aparatos eléctricos, a menudo subestimados como «menos dañinos» que el cigarrillo tradicional, fue carcomiendo su capacidad de respirar.

​Esta mañana, tras varios días de lucha en una cama de hospital, los pulmones de Frank dijeron «no más».

​»Es un dolor que no se explica», comentaba un allegado entre lágrimas. «Ver a un muchacho tan lleno de vida apagarse por algo que parece inofensivo, pero que por dentro te destruye».

​Un llamado que nace del luto

​El fallecimiento de Frank Sosa no es solo una estadística más del área de la salud o en las crónicas policiales de Hato Mayor; es un grito de alerta.

Su muerte deja un vacío inmenso en el sector Puerto Rico y una lección amarga para toda la juventud dominicana, especialmente, la de Hato Mayor, para que dejen de usar estos malvados aparatos que están diezmandoa la vida joven de República Dominicana.

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